UN ESTIGMA QUE NO SE VE[1]
«Fenómeno místico en Santa Teresa
Benedicta de la Cruz»
Reyna
Elízabeth Ángel Camacho
… nadie ve cuánto duele, ni cuánto sangras;
quieren verte sonreír, y tus lágrimas
son ignoradas.
¿Cuándo
encontrarás refugio en el hueco de sus manos?
Ángel.
Existe
un dicho popular que, pese a su antigüedad, continúa vigente en esta época
postmoderna; tanto que es utilizado por creyentes y no creyentes “hasta no ver no creer, como dice Santo
Tomás”. El ser humano está ávido de certezas, más de aquellas que pueden
ser comprobadas con los sentidos. Tiene sed de experiencias extremas,
aparatosas y espectaculares. ¿Podrá el hombre y la mujer de hoy maravillarse
con algún hecho que no se pueda tocar, ver, oler o sentir? El presente ensayo
busca ofrecer pistas de reflexión para superar la evidencia física en la
propuesta de un hecho extraordinario, un estigma que sangra pero que nadie ve;
un estigma que está en el cuerpo, pero que nadie puede tocar y nadie puede
meter sus dedos en él.
Los
fenómenos sobrenaturales son aquellos que trascienden el estado u orden habitual
y van más allá de las leyes naturales. Para la teología cristiana la causa sólo
puede ser divina, algunos ejemplos de ellos son: las visiones, las locuciones y los fenómenos místicos de orden corporal. En
éstos últimos destacan el sudor de sangre, la bilocación, las levitaciones y
los estigmas, que son consistentes con la aparición espontánea de llagas
sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda.
Pueden ser visibles o invisibles[2].
Para intereses del presente texto,
se hará énfasis únicamente en el fenómeno místico de los estigmas. Éstos se han dado siempre de manera instantánea,
causando gran sorpresa e impresión en quienes los reciben. Las llagas nunca
supuran y su sangre se mantiene fresca y
limpia. Además, son heridas que no se
curan nunca y que permanecen varios años sin que pueda darse una explicación
médica o científica[3].
Pocos son quienes, a lo largo de la historia, han
recibido realmente en su cuerpo la impresión de los estigmas. Son personas excepcionales,
virtuosas, probadas en el dolor y convencidas de la fe. Gente que ha recibido
un don del que no se sienten merecedores ni dignos y que recuerdan que es
maravilloso imitar a Jesús en las sonrisas y en las heridas, en todo. La espiritualidad da cuenta de algunos ejemplos de
Santos con esta experiencia mística, desde Francisco de Asís, primer santo de
la historia en quien se comprobó este fenómeno, hasta Pío de Pietrelcina, uno
de los últimos casos.
No existen datos que mencionen un fenómeno de esta
índole en Santa Teresa Benedicta de la Cruz; sin embargo, al sumergirse en su biografía
y en sus escritos, es posible descubrir la eficacia de la salvación de Cristo en la Cruz que
se muestra de manera particular en el signo del estigma, convirtiéndose en un testimonio
de la actividad redentora y salvadora del crucificado en la vida de esta Santa.
Los estigmas
representan un signo de lo que sufrió Cristo durante la pasión; por lo que
también manifiestan la participación que Él hace de su pasión dolorosa en la
vida de Teresa Benedicta de la Cruz. Ella, en toda su historia de
vida y en sus experiencias está marcada por la vivencia íntima de la pasión en
la cruz del Redentor. Desde su nacimiento en el día de la fiesta religiosa
hebraica del Kippur, o de la Expiación; hasta el tiempo en que como deportada,
próxima a su entrada en la cámara de gas, escribió: "Se puede comprar
una Ciencia de la Cruz, sólo
empezando a sufrir verdaderamente por el peso de ella. He sabido la íntima
convicción de eso hacia el primer instante, y en lo profundo del corazón he
dicho: Cruz, única esperanza"[4].
De igual manera en el túnel de la muerte, el corazón de Edith palpita: "La
Cruz es toda la luz: la madera de la
Cruz se ha vuelto la luz de Cristo". Pero esta adhesión al
madero de su Señor no fue instantánea, aún sin percibirlo, ya le buscaba en
aquellos años de infancia cuando se confesaba "no
creyente y dotada de un fuerte idealismo ético[5].
La sed por hacerse una con los dolores de la pasión
la movieron a que en 1915, cuando estalló la Primera guerra mundial, ingresara al
servicio sanitario en la Cruz Roja.
Así, se prestó como auxiliar por muchos meses en un grande hospital militar
para enfermedades infecciosas, en territorio austriaco. A las protestas de su
madre respecto a esta decisión, ella contesta: "Si la gente estaba
obligada a sufrir en las trincheras, ¿por qué yo tenía que estar mejor que
ellos?"[6]
Su
búsqueda de la verdad la llevó a vivir un doloroso drama interior, un
testimonio de ello se encuentra en un fragmento autobiográfico de su escrito
"Causalidad psíquica",
publicado en los Anales de Husserl: "Hago proyectos para el
futuro y organizo mi vida presente. Pero en lo profundo estoy segura que algún
acontecimiento será producido y echará todos mis proyectos. Es la fe viva, la
fe verdadera que no acepto todavía, y yo estoy impidiendo a esta fe volverse
activa por dentro de mí". Ese acontecimiento esperado
se hizo verdad con su bautismo el 1° de
enero de 1922.
Habiendo
encontrado el camino, el calvario de la Santa no tardó en mostrarse con la persecución Naci.
Ella vive una profunda experiencia espiritual: "Recurría
interiormente al Señor y le decía que yo sabía que suya era la Cruz impuesta a
nuestro pueblo. La mayor parte de los hebreos no reconocía al Señor, pero los
que entendían no habrían podido dejar de llevar la Cruz. Eso era lo que yo
deseaba hacer. Le pregunté sólo mostrarme de qué manera". Si
Edith tiene que participar en el destino de su pueblo, y si este destino es
llevar la Cruz de Cristo, se entiende cómo estas experiencias espirituales la
preparan para el paso definitivo. Poco después escribía: "No es la
actividad humana que nos puede salvar, sólo la pasión de Cristo. Mi aspiración
es participar en ella".
Edith
Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, si es cierto que participa de la pasión del
Señor por su adhesión a la Cruz ¿dónde está la herida sangrante que atrae la
curiosidad de multitudes? ¿dónde está la evidencia de aquel dolor extremo y
profundo que el Redentor le participa? La herida está donde se siente el dolor,
y es ahí mismo donde sangra. Sin embargo, se puede insistir preguntando como el
cuento de Julio Cortázar[7], Ahí pero dónde, cómo. Se sabe que éste no
es dolor físico, sino un dolor del cuerpo cuya fuente está en la anatomía psíquica.
Un dolor que emerge como brota la urgencia misma de la vida, un dolor
existencial. El dolor purifica,
ennoblece, templa el espíritu; muchos incluso aseguran que se aprende con una
cuota de dolor. Madurar implica esa misma dosis de dolor; sufrimiento
indeterminado que no proviene de un órgano enfermo sino de la experiencia misma
de vivir.
El dolor purificador en Teresa
Benedicta de la Cruz, instalado en su cuerpo psíquico por la búsqueda de la
verdad; dolor de conversión y dolor por la ofrenda, brota siempre de la misma
herida interna. Y esta herida también sangra. Juan David Nacio[8], experto en el tema del
dolor psíquico, afirma que se trata de
una permanente hemorragia psíquica que consume interiormente. En este caso, sin
embargo, se trata de una experiencia de alegría y dolor,
en la cual el Señor toma la iniciativa de acercar a la Santa a los misterios de
su pasión.
Finalmente,
se puede afirmar que en cierto sentido, todos pueden llevar los estigmas, pues
con el bautismo se está sumergido en la vida de Cristo, que permite participar
en el misterio pascual de su muerte y resurrección. En su pequeñez, cada uno
lleva los estigmas. Si los lleva con espíritu de fe, esperanza, valentía y
fortaleza, estas llagas, que pueden ser purulentas y que no cicatrizan nunca,
pueden servir para curar a los demás. Teresa Benedicta de la Cruz, mujer estigmatizada en su cuerpo el día de su
bautismo; deja el legado de una herida interna con hemorragia psíquica que es
fuente de vida por su testimonio que sí se ve.
A aquellos que sufren
el dolor de la existencia con valentía.
[1]
Ensayo presentado en el Tendedero
literario con motivo a la fiesta de Edith Satein en el Centro
Interamericano de Estudios Superiores Evangelii Nuntiandi. Octubre del 2012.
[2] ANTONIO ROYO MARÍN: Teologia de lla perfezione cristiana. Edición
San Paolo (1997). Roma (Italia).
[3] Ignacio Ibañez, Tito Paolo Zecca,
Acción Católica Argentina / Zenit.org.
[4] J.
Sullivan ocd, S. Edith Stein desafia los católicos, en Simposio
Internacional, Roma, Teresianum, 1998.
[5] Teresa Renata del
Espíritu Santo, Edith Stein, Morcelliana, Brescia, 1952, p.18
[6] Cf. J Bouflet, Edith
Stein, filosófa crucificada, Paoline, Milano 1998, pp.113-114
[7] Cortázar,
Julio. (2010). Ahí pero dónde, cómo. En Cuentos
completos 2. (pp. 87-94). Buenos Aires:
Alfaguara.
[8] Nasio, J.D. (1999).Libro del dolor y del amor. Barcelona: Gedisa.
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